Sobran nombres, pero faltan ideas
Un año nuevo, un año de nuevas metas, o si aún no cumplimos las trazadas anteriormente, un año para intentar cumplirlas. Otro año más en nuestras vidas para aprovecharlo en lo que creamos, nos conviene.
Estos días de inicio de año uno los puede llegar a percibir más largos, de niño, recuerdo que en enero salíamos a jugar futbol en la calle desde las tres de la tarde hasta que el sol se ocultaba.
Estos son los días en donde nos ponemos a trazar, como dije al principio, nuestras metas. La calma de estos días nos lo permite. La percepción de “soledad” en las calles nos hace tener más clara y concentrada la mente, aunque creería que solo sucede hasta la segunda semana del mes, después de ahí, ya empieza la otra fiesta: El carnaval.
En esta ocasión, en este año que arranca, los primeros días de ‘calma’ también traen consigo en el ambiente el famoso “sonajero político”, el cual va lanzando nombres de posibles aspirantes a distintos cargos de elección popular debido a que este 2023 elegimos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales en gran parte del territorio colombiano. Así como en el 2022, este 2023 viene re-cargado de política – y fiesta –, pero a diferencia del debate anterior, este que se avecina tiene particularidades muy específicas, dadas en gran mayoría, por las viejas mañas que nos han dejado décadas de corrupción en el país.
Una de las grandes moralejas que dejó el año político pasado fue el desahogo de la comunidad contra los políticos de siempre y toda su manera de actuar, además de las actitudes de candidatos déspotas quienes creyeron que por su pasado político podían entrar a un debate sin ningún tipo de conocimiento de la realidad del país y así, para mí, faltándole el respeto a la ciudadanía que esperaba mucho más. Claro, son casos muy puntuales que por la descripción se puede hacer la imagen de los ‘susodichos’. Si bien, para la actualidad, aún sigue ese descontento en gran parte de la sociedad ¿si alcanzará para lograr colocar caras nuevas que defiendan ideas y no casas políticas? Debido a la dinámica que se vio en las elecciones a congreso del 2022, en donde triunfó o triunfaron candidatos y candidatas que mostraron cierta independencia de las figuras políticas tradicionales, hoy hay muchos en ese sonajero que hablan de no llevar ninguna bandera de partidos políticos, a pesar de que en el pasado han estado respaldando partidos políticos y políticos tradicionales, que lo único que han llegado a hacer es lo mismo de siempre. A este tipo de personajes les caería bien una repasada al concepto de coherencia.
Es válido aclarar que sería una irresponsabilidad de mi parte no reconocer a quienes si han mantenido sus posturas a lo largo del tiempo. A pesar de estar en orillas ideológicas y políticas distintas, hay que reconocerlo. Tal como le dije a un periodista que me llamó a preguntarme por la situación política del departamento: “A la fecha, sobran nombres y faltan ideas”. Aunque haya excepciones muy marcadas, este nuevo ‘sonajero político’ está cargado de nombres con respaldos políticos fuertes, pero que a la final son solo eso, otros en cambio, buscan postular su nombre cada cuatro años y, al final, – misteriosamente – terminan declinando y apoyando a otro candidato o candidata. Existe una necesidad clara que escuchar a quienes deciden quien queda y quien no, esa necesidad debe ir enfocada a tratar de construir propuestas solidas que afecten positivamente el municipio, el departamento, la región y, en últimas, el país. Se necesita escuchar y vincular a quienes siempre han estado apartados, a quienes, por culpa de esas malas prácticas, creen que hacer política es solo llegar a prometer y no cumplir; que solo deben decirle ‘docto’ al postulado y este debe responder un saludo insípido para luego mandar mercaditos y regalos; y hacerle ver a la gente que esa es su única responsabilidad.
La moraleja del año político 2022 fue que la manera de hacer política cambió. Es hora de empezar a renovar los espacios con caras nuevas, ideas innovadoras y soluciones pertinentes. Además de esos nombres – varios queriendo repetir – y, algunos con escuetas ideas, necesitamos capacidad de gestión, que, por lo visto en Sabanalarga, ha faltado desde el 1 de enero de 2020.
