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De nuevo

Cerré los ojos y al abrirlos, ya no estaban. Todo había cambiado.
Nada era como yo lo recordaba.
En esos momentos de penumbra, tuve que irme lejos, pero con la esperanza de encontrar todo como lo había dejado. Pero no, todo era distinto.
Siempre pensé en el brillo natural de los atardeceres, en el ensordecedor canto de los canarios, en el aroma a tierra seca cuando caminaba sobre ella, en los boleros que a lo lejos se escuchaban en una vieja radio en la carpintería de la cuadra, en la sombra de los palos de mangos sembrados en todas las terrazas del barrio y su revitalizante brisa, algo ligeramente suave, pero lo suficiente para refrescar.
Ya no podíamos hacer lo que siempre hacíamos, todos, al igual que yo, la necesidad de estudiar nos había llevado a una ciudad con ambiente parecido, pero de costumbres distintas. Era otro mundo.
Al regresar al mío, a mi pequeño y cómodo mundo, todo era distinto.
Quienes se quedaron fueron convencidos por la falsa idea de desarrollo. No sabiendo que lo que hacían era usurpar lo que nuestros ancestros nos dejaron.
¿Dónde quedó todo? Me pregunto.
Los cuentos de los más viejos, las costumbres heredadas de nuestra cultura hoy son, lastimosamente, un nuevo nombre rimbombante y difícil de pronunciar. Nuestro día a día fue suplantado por palabras adoptadas de un idioma lejano.
Al abrir mis ojos, me doy cuenta de que la totuma para tomar agua o sopa, la porcelana o ponchera, fue reemplazada por un ‘bowl’; la combinación de ropa para salir, lo que le llamábamos ‘la pinta’, ahora es el ‘outfit’; el sentimiento de incomodidad ante cualquier situación extraña, eso que decíamos que ‘nos daba cosa’, ahora es ‘cringe’; ya no podemos hablar con nuestro acento, ahora debemos matizarlo y camuflarlo con el acento de otras partes, porque el nuestro está mal y es muy ordinario; al ir a cualquier lado me miran raro por mi sombrero y mis sandalias, ahora no soy del campo, soy agropecuario. En forma despectiva.
Al abrir mis ojos, todos en el barrio habíamos crecido e incluso el mismo barrio, pero lo nuestro, con que habíamos vivido, hoy, se lo quieren llevar.
De nuevo…

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