Corralejas no, cultura si
¿Sabías que el 20 de enero en 1980 hubo una tragedia por la caída de unas corralejas en Sincelejo? Fueron más de 400 muertos, según reseñan los medios.
Hablar de ‘corraleja’, para muchos, es hablar de cultura, de historia, de tradición, de fiestas y, en algunas ocasiones, es hablar de la costa colombiana, pero, para otros más, al hablar de estas fiestas en sinónimo de barbarie, muerte y dolor. No solo para quienes entran a ‘torear’ o hacer marimondas para llamar la atención al toro, sino también para los animales que están dentro, como los caballos que cargan a jinetes expertos en colocar ¿banderillas?
¿Por qué se habla de historia cuando mencionan la palabra ‘corraleja’? Bueno, según algunos historiadores y conocedores del tema, esto se introdujo principalmente, en la costa norte colombiana, cuando los españoles ingresaron ganados por Cartagena y nacieron las primeras haciendas ganaderas en las sábanas de la costa. Al principio no era una festividad como tal, sino que, en el diario de tareas de quienes se dedicaban a la ganadería o dicho de una mejor forma, los peones, fueron haciendo de esas tareas diarias, como herrar, descornar o curar, unas atracciones para sus patrones, los invitados de los patrones y el público en general, convirtiéndola así en una fiesta.
El 3 de octubre de 1845, en Sincelejo, se realizaron las primeras fiestas en corralejas en honor al patrono de esta ciudad, San Francisco de Asís. Posteriormente fueron trasladadas para el 20 de enero, tal como hoy la conocemos. Al principio les comentamos que en unas fiestas del 20 de enero en Sincelejo ocurrió una tragedia y si, si sucedió. En medio de estas celebraciones para ese año, la construcción en madera cedió ante el peso de la gente que estaba presenciando el acto taurino. Según relata el medio ABC, quien para ese entonces publicó una nota sobre el hecho: “Aquellos que ocupaban las zonas sin techar, corrieron a resguardarse en las zonas cubiertas, «sobrecargándose de peso». Y continúa la crónica: «Como, además, había llovido por la mañana, las tablas ya no aguantaron más y cedieron, arrastrando numerosos graderíos, con su abigarrada masa humana». A partir de entonces, se vivieron momentos aterradores: «El coso se convirtió en un infierno, con gritos desgarradores de personas atrapadas entre los maderos y los gemidos de impotencia de los que eran pisoteados por una marabunta humana que huía enloquecida no solo de la tragedia, sino también de los cuarenta astados que, asustados por el estrépito, corrían de un lado para otro corneando a diestro y siniestro»”
Este año sucedió algo similar, en donde cuatro personas murieron y más de 300 resultaron heridas cuando parte de la construcción se derrumbó durante la celebración de una corraleja en el municipio de El Espinal, Tolima. Después de este hecho, el debate en torno a estas festividades ha tomado gran relevancia nacional, los que si apoyan versus los que no. Tanto así que, el entonces candidato presidencial y hoy presidente, en medio de su campaña dijo que no habría más corralejas en el país y, al empezar su mandato, lo ratificó, pero hay algunas comunidades que han llegado a protestar para que se realicen las corralejas, si, en serio que así pasó y fue en Bayunca, en el departamento de Bolívar.
Alrededor de estas fiestas, existen muchas muestras culturales que resaltar. Por tradición, las corralejas son acompañadas por bandas o bandas de viento o como le dicen por ahí ‘las papayeras’ (No sé por qué les dicen así, se las debo), hay festivales gastronómicos, conciertos, bailes y un sin número de actos. Recuerdo, que, de niño, en medio de estas fiestas, iba a la plaza a ver los ‘nuevos’ juegos que traían los foráneos y me encantaba comer los famosos muslitos de pollo. Obvio, siempre supe que no eran de pollo, era por la forma, por su figura. Obvio.
Hace días, en Sabanalarga se celebraron las fiestas patronales, pero esta vez, sin corralejas. Según he podido escuchar por la comunidad, los actos como el festival gastronómico, las alboradas por distintos sectores, el mercado campesino; conciertos, como el que se dio en la Villa Olímpica y el ‘Festi Pick-Up’; e incluso, el reinado; fueron positivos, bacanos. Algunos se atrevieron a pedir a la administración que institucionalice estos actos. Algo que, en lo personal, me parece una muy buena idea y, para la opinión pública a nivel nacional, también fue algo de resaltar.
Los sitios que usaron fueron la cuasi villa Olímpica, porque está a medias; y el coliseo de ferias, el cual, por lo que se ha visto, solo era utilizado unos días al año para una feria ganadera y otros días para hacer el examen médico por parte del Ejercito nacional a los futuros bachilleres.
En resumidas cuentas, esta vez, las fiestas patronales en Sabanalarga, tuvieron ese balance positivo real que se quisiera escuchar, no el que decían por las calles en donde su fuente validadora era el número de heridos por los toros de la tarde y decían que ‘esas corralejas si están o estuvieron buenas’ y, cuando no había heridos, les echaban la culpa a los toros. Sabanalarga demostró que, apartando el acto de las corralejas, hay otras muestras que son rescatables a lo largo del tiempo y que estas nos pueden dar esa identificación colectiva que tanto se ha buscado. Así como en Luruaco que hay arepa de huevo, como en Baranoa el chicharrón, como en Campeche las ciruelas; Pital de Megüa con sus pasteles ¿Por qué no se puede hablar de unas festividades hechas con altura que identifique el municipio dentro de nuestra región? ¿Acaso es necesario hacer una corraleja?
