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¿Atlántico para la gente o por su gente?

Por mi edad, no puedo decir que viví la “bonanza pesquera” que tuvo la ciénaga del guajaro en sus tiempos de oro tal como lo relatan los pescadores de esa zona del departamento, pero si puedo percatarme las marcas del tiempo en su piel y su largo trabajo que se detonan solo con mirarlos y escucharlos con una tristeza aguda ya que, ahora, no pueden salir a pescar como antes. Les toca prestar un capital – a un gota gota o cobra diario, como le llaman – e ir a comprar los pescados a la única empresa que actualmente está explotando este cuerpo de agua.

Hace un par de días, estuve visitando nuevamente los corregimientos de Aguada de Pablo y el corregimiento de Las compuertas del municipio de manatí, en donde esta situación se repite a diario, pero con un agravante mayor por estos días: La amenaza de inundación por la creciente del rio Magdalena y el canal del dique.

hace mucho tiempo. Al parecer, en el departamento, el desarrollo solo se refleja en las calles del norte de la ciudad de Barranquilla donde viven los más poderosos e influyentes de esta urbe.

A las poblaciones circunvecinas al río magdalena, el dique y la ciénaga del guajaro, no se les ha propuesto ningún tipo de solución ante la latente amenaza que respira cerca a sus cuellos. Peor aún, no se ha pensado ni mucho menos implementado medidas preventivas ante este tipo de calamidades de tipo natural.

Se le hace un llamado a la gobernadora para que preste atención al resto del departamento que ella gobierna, que, Santa Lucía, Suan, Campo de La Cruz, Manatí, Repelón y Sabanalarga también hacen parte de ese vasto terreno llamado Atlántico, en donde viven personas que su único sustento lo consiguen yendo a sus parcelas a cultivar, otros a rebuscarse con algo de capital prestado invertido en pescado – que ya no pescan – otros más haciendo carreras en sus motos o pagando algún tipo de tarifa y que sus esperanzas de crecimiento y desarrollo están completamente ahogadas por la corrupción que no permite, por ejemplo, que se terminen de construir los colegios que hace mucho tiempo se prometieron construir y que hoy son desvalijados por personas que no les duele su propia tierra y a los y las estudiantes les toca recibir clases en improvisados salones que se asemejan a los galpones donde crían gallinas para consumo.

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