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A mis amigos y amigas de la juventud acumulada

Antes de entrar en materia, quisiera hacer un par de claridades:

Juventud acumulada dícese de las personas que están en un rango de edad superior a los 60 años. De igual modo, podríamos hablar de adolescencia acumulada, donde sus integrantes estarían entre los 50 a 59 años. Esta definición la escuché a un amigo quien a bien se refería a la experiencia y sabiduría acumulada con el pasar de los años que pueden aportar las personas mayores – algunas de la tercera edad-, pero ligándolo a un espíritu joven y proactivo, porque de nada valdría entonces plantear ideas sin poder echar a andar procesos que puedan ejecutar dichas ideas. Algunas personas de este rango etario han estado inmersas durante décadas dentro de los procesos políticos como líderes históricos con cargos plenipotenciarios que no han dado cabida a que otras personas puedan también liderar.

En el mismo sentido, en el desarrollo del presente texto, se harán afirmaciones, las cuales no incluyen a la totalidad de las personas enmarcadas en los rangos etarios anteriormente descritos, sino que habla de casos puntuales y que en gran mayoría suceden en dichos rangos de edad.

Dadas las anteriores claridades, entremos en materia.

Para el año 2021, finalizando abril de ese año puntualmente, como todos recordarán, hubo un estallido social a nivel nacional. Las inconformidades acumuladas de años y años, sumándole las consecuencias que nos dejó la pandemia que, para esos momentos, estaba entrando en su ocaso, acrecentó las inconformidades y luego de una puesta en marcha de una reforma tributaria que no tenía en cuenta realmente las necesidades económicas del país, muchos jóvenes decidimos dar la cara y exponernos en muchos espacios para exigir un país más justo.

Esta exposición y la participación más activa y beligerante de la juventud, dio como resultado al pasar de los meses que, muchos de los que estábamos dentro de un movimiento juvenil, consideráramos aspirar a un cargo de elección popular donde pudiéramos llevar esas ideas innovadoras. Este suceso lo veo como un cambio de fórmula para hacer la política. Hubo una muestra de una generación nueva que se mantenía a la sombra, pero que sí le interesaba el país.

El estallido social estuvo dado por un variopinto de pensamientos con algo en común: mejorar el país. Esto se traduce en que las calles estuvieron llenas con una sola idea, sin importar si fuera o no de izquierda o de derecha. Inclusive pude ver casos en donde jóvenes decían no interesarle militar en un partido o hacer campaña, solo les interesaba mostrar su inconformismo con la manera en que se había administrado el país hasta ese momento. La acción de mostrar y plantear los inconformismos da la razón a Aristóteles cuando afirma que “el hombre es por naturaleza un animal político… Sólo el hombre entre los animales posee la palabra; la voz, por su parte, únicamente sirve para significar placer y dolor, motivo por el cual pertenece a los demás animales por igual… mientras que la palabra sirve para expresar lo conveniente y lo nocivo y, por lo mismo, también lo justo y lo injusto; (…)”

Al momento de aterrizar los planteamientos teóricos en la “praxis política” quienes decidimos seguir por ese camino, nos hemos encontrado con obstáculos que, a mi parecer, son completamente accesorios a la necesidad de algunos amigos y amigas de la juventud acumulada, por querer protagonizar papeles <>, olvidándose por completo de la idea de seguir construyendo un proyecto político más sólido e ignorando por completo la necesidad natural del relevo generacional. Luego de pasar de las calles a los pasillos de las instituciones en donde se administra el país, posterior a un cambio de fórmula para hacer las cosas, para hacer la política concretamente, se nos ha olvidado que la política se considera el arte de lo posible. El político debe ser una mezcla de conocimiento teórico y pragmatismo. Debe ser capaz de transferir sus creencias y proyectos a la realidad, sin perderse en lucubraciones abstractas ni lanzarse impulsivamente en aventuras irrealizables. Así como manejar una coherencia entre los pensamientos y su actuar, entre el verbo y el hecho.

Adicionalmente, en los espacios de participación que se han venido dando luego de lo anteriormente expresado, a la juventud aún se le sigue marginando por no tener experiencia ni voz de poder. Es como la paradoja de qué fue primero, si el huevo o la gallina. ¿Cómo se adquiere experiencia si no se le brindan los espacios para que expongas ideas y debatan? Cito a un compañero que conocí en medio de la campaña del 2022, a quién le vi y veo cualidades excepcionales para sobresalir, su conocimiento sobre los asuntos políticos es increíble y su talento para dibujar está a otro nivel: “Eber, me voy porque aquí no hay garantías”.

¿Cómo se puede pensar en un proyecto a largo plazo si las personas llamadas a dar el espaldarazo al relevo generacional solo están pendientes a su romántico pasado político? La incursión de esta nueva generación de jóvenes políticos ha venido pidiendo coherencia entre quienes han liderado procesos de antaño. Cuando afirmo que los jóvenes cambiamos la forma de hacer las cosas, me refiero a la invitación que en su momento Einstein hizo a hacer un cambio en las formas de hacer las cosas para obtener nuevos resultados: “La locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados”, con el estallido social se incluyeron varios factores distintos que han dado como resultados la obtención de cargos de elección popular, resultados electorales que no se habían visto hacía décadas en algunos municipios o departamentos. En definitiva, quisiera aprovechar para dejar un par de reflexiones: ¿Cómo se le pueden brindar garantías a las personas interesadas en construir dentro de los procesos alternativos si no se le brinda la confianza y los espacios necesarios para ello? ¿Por qué se le condiciona a las nuevas voces dependiendo de su pasado político? Porque si no han estado en lo más radical de la izquierda, no es bueno ni que se asomen. En el mismo sentido, es válido exigir experiencia dentro del proceso, pero ¿Quiénes no la tienen como la adquieren? No creo que sea sano en dejar liderar a personas no abiertas a construir, parece una afirmación obvia, pero por ser obvia, era necesario manifestarla, a ver si re-pensamos quienes nos lideran.

Este punto de la historia nos demanda fortalecer lo que se logró conseguir y construir desde los procesos anteriores; ampliar nuestro espectro a nuevas posibilidades, renovar con ideas y caras nuevas que nos puedan garantizar un crecimiento sostenido y seguro, de igual forma darle mayor participación a las y los jóvenes que han venido haciendo escuela dentro de las filas de los proyectos populares y que han aterrizado concretamente en lo político; reducir en sus mínimas proporciones la mezquindad y egoísmos políticos que algunos copartidarios practican con el fin de buscar un protagonismo romántico lo cual no llevará a nada real, porque la historia nos puede servir como referente para no repetir los errores y a partir de ellos, empezar a cambiar las fórmulas para la obtención de resultados positivos con respecto a las metas que se han propuesto, pero no puede ser el argumento para decir que por derecho adquirido, de manera histórica, son los lideres o lideresas del proceso, sabiendo que su manejo no ha sido el óptimo y por el contrario no se ha logrado avanzar en nada.

A los amigos y amigas de la juventud acumulada, no sean tan cerrados a la idea de que ustedes son los únicos que pueden liderar y proponer, hay una larga fila de personas que han hecho carrera – o escuela – para estar al frente de estos procesos, que han venido proponiendo mejorar los espacios y que sus voces han sido opacadas por críticas sin fundamento y espantados por debates insustanciales que a la final no han llevado sino a reuniones largas donde no se llega a cosas concretas, solo ideas sueltas que a la final, son los y las jóvenes quienes terminan haciendo, lo que conlleva a un círculo vicioso acompañado de la pregunta: ¿Por qué ellos -los y las jóvenes- y no yo? Las cadenas de WhatsApp no han llevado a nada, las acciones si nos llevarán muy lejos.

Aclaro, nuevamente, que son casos muy específicos y, que quizá, al lector le parezca familiar lo descrito.

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